Facturar más y ganar más no son lo mismo. Podés vender más este año que el año pasado y, aun así, terminar con menos plata en el bolsillo. La diferencia está en el margen, no en la venta.
¿Por qué pasa esto?
Cuando una empresa crece, no todo crece al mismo ritmo. Los costos fijos se diluyen mejor entre más ventas, pero los variables —materia prima, comisiones, logística, horas extra— a veces suben más rápido que el precio de venta. Si el precio no acompaña esa suba, cada unidad extra que vendés deja menos margen que la anterior.
¿Cómo lo notás a tiempo?
Mirando el total facturado no lo ves: ahí todo parece ir bien. Se nota cuando mirás el margen por producto o por línea de negocio. Es común que algunas líneas sostengan a las demás sin que nadie lo sepa, y que alguna esté perdiendo plata en cada venta sin que aparezca en ningún lado.
¿Qué podés hacer al respecto?
El primer paso es simple: calcular cuánto te queda, de verdad, en cada producto o servicio que vendés, después de todos los costos que le corresponden. Con eso en la mano podés decidir qué precio poner, qué línea empujar y cuál replantear. Sin eso, cualquier decisión de precio o de mix es una apuesta.
¿Te está pasando esto en tu empresa?
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