No hace falta ser financiero para saber si te vas a quedar sin fondos el mes que viene. Un flujo de caja proyectado es simplemente anotar, semana a semana, qué dinero vas a cobrar y qué dinero vas a pagar. Con eso alcanza para ver los baches antes de que te sorprendan.

¿Por qué no alcanza con mirar el saldo del banco?

El saldo de hoy no dice nada del problema que puede aparecer en tres semanas. Podés tener dinero hoy y quedarte sin nada para pagar sueldos el 10, si no viste venir un pago grande o un cobro que se atrasa. El saldo mira para atrás; el flujo de caja mira para adelante.

¿Qué necesitás para armarlo?

Alcanza con una planilla simple: una columna por semana, y dos filas grandes —lo que vas a cobrar y lo que vas a pagar—, con lo que ya sabés: sueldos, alquiler, proveedores, cobros pactados con clientes. No hace falta un sistema complejo para empezar, solo tener esa información junta en un solo lugar en vez de repartida en la cabeza o en varias planillas.

¿Cómo lo usás para decidir?

Una vez armado, te muestra las semanas donde el saldo se pone negativo o ajustado. Ahí es donde tenés margen para actuar antes: adelantar un cobro, correr un pago, o directamente frenar un gasto que puede esperar. Sin el flujo armado, esas mismas decisiones las tomás cuando ya es tarde para elegir bien.

¿Querés armar el tuyo?

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